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miércoles, 19 de octubre de 2016

Aibar


AIBAR Santa María, a la salida hacia Tafalla, es la única ermita del pueblo. En 1802 quedaban en pie cuatro: Santa María, S. Juan Bautista, S. Joaquín y S. Roque, que Igual de Soria halló «decentes», aunque mandó que en la segunda se retocaran las imágenes del titular y la de S. Ginés «siempre que se le quiera dar veneración». En tiempos anteriores, Aibar contó hasta veinte ermitas, de las que algunas son venerables nombres en la historia de Navarra. Así, S. Cristóbal, cuya campana dieron en 1660 los primicieros de Aibar, además de otra parroquial rota, a Juan de la Piedra, campanero pamplonés, por la fundida para la iglesia del pueblo. En el mismo siglo, Pedro de Uscarrés, beneficiado del pueblo, edificó dentro de Aibar y a sus expensas una basílica de San Joaquín, cuyo patronato se reservó. Algo más tarde, en 1696, sabemos que repararon las ermitas de San Miguel y S. Lorenzo con los materiales de un cuarto del hospital que el alcalde, Martín de Arbeloa, mandó derribar. 19 De la nómina, los dos nombres más ilustres son Santa Cilia o Cecilia y San Jaime. Santa Cilia fue villa fundada en el 858, según Avalos de la Piscina, al que se remite Moret. Hoy nos consta la falsedad de la documentación relativa al siglo XI, pero también que en 1097 Santa Cecilia pertenecía a Santa Cruz de la Seros, y que Pedro I lo ratificó. En 1135 Ramiro II amplió las propiedades del monasterio femenino aragonés en el lugar. En la bula de Alejandro III (1178) figura entre las posesiones de S. Juan de la Peña. En 1366 censa 62 fuegos. En 1389 violaron la iglesia y derribaron las puertas. Después fue lugar de mayorazgo y en 1534, despoblado desde mucho antes, pertenecía a Aibar. S. Jaime, en Letermendía, sobre la izquierda del Uñézcar y cerca del nacedero, fue ermita hasta 1678. El año 983 Sancho Garcés II lo donó a S. Juan de la Peña, según una noticia de 1080. Poco después la iglesia y casas se cayeron «por su mucha antigüedad». En 1056 repoblaron el lugar -pero no Aibar- gentes venidas de Aézcoa. Acaso estaba ya abandonado en 1171, cuando lo cita el fuero del Castellón de Sangües

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