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martes, 1 de noviembre de 2016

Aoiz

AOIZ


Igual de Soria, en agosto de 1798, dice: «Hay cuatro Hermitas, que son las de S. Juan, S. Lorenzo, San Salvador y S. Román». En S. Lorenzo ordenó que no se hiciera lumbre, que se reparase el santo y la ermita. En la de San Salvador, que necesitaba un blanqueado, también mandó que no se prendiera lumbre y que se quitase la chimenea. Eo San 27 Román, que se pusiera imagen del titular. No queda ninguna de ellas, ni las de S. Bartolomé y S. Joaquín, o Santa Engracia, citadas en otros repertorios. Algunas de esas advocaciones merecen unas líneas. San Salvador de Zalurribar era monasterio que García el de Nájera y su mujer, la reina Estefanía, donaron el año 1042 a Fortunio López, el cual lo entregó a Leyre en 1052. Allí vivía en 1608 el ermitaño Juan de Raxa. Un siglo después, la ermita necesitaba reparación y la arreglaron como para poder decir misa. San Román era parroquia de Guendulain. La tradición dice que en ella firmaron las paces en 1479 el Conde de Lerín, Luis de Beaumont, y la regente D .a Magdalena, cuyas espadas, clavadas en tierra, dieron origen al escudo de la villa. Para acotar esa leyenda es menester recordar que Guendulain ya pertenecía a Aoiz desde 1391. En 1573 gastaron unas tarjas en aderezar puerta y cerrajas, echar el suelo y fijar tablizos en la techumbre y empedrar la entrada. En la de S. Bartolomé celebraban su junta anual los cofrades de S. José, hasta poco antes de la última guerra carlista. La de S. Lorenzo se documenta en el S. XVI. El herrero Pedro de Villanueva reparó el yugo de la campana en 1578. El solar de S. Joaquín lo ocupa hoy una urbanización de chalets. Las ruinas de Santa Engracia duermen en el cordal de la muga entre Aoiz y Gorriz.

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