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domingo, 26 de marzo de 2017

Caseda

CASEDA


El DGH (1802) dice que «a corta distancia del pueblo hay 3 ermitas, la de S. Felipe y Santiago, la de S. Bartolomé a la entrada del puente y la de S. Blas que fue la antigua parroquia con el título de S. Felices, a la cual se nombra vulgarmente parroquia de los Christones, que equivale al de agotes o cristianos nuevos (...) en un alto monte (...) la ermita de Santa Agueda, que agora se llama de S. Pedro; 

y entre oriente y mediodía la antigua iglesia de San Zoylo, que tiene un capellán para decir celebrar misa los días festivos». Las cuatro primeras no existen, al igual que S. Andrés. En la de S. Felipe y Santiago era ermitaño en 1693 Juan Francisco de Ayesa. Hizo una novena a San Ignacio de Loyola y se fue a visitar a un pariente a San Sebastián. Allá le convencieron de sus dotes de comediante y accedió a participar en representaciones, que se prestó a ensayar. El oficial foráneo de la ciudad le hizo comparecer y le advirtió que, si no desistía de su veleidad, le castigaría y, despojado del hábito ermitaño, le expulsaría, conforme a las órdenes del gobernador eclesiástico de Pamplona. El de San Zoilo se excusó, prometió abandonar las diablas y someterse al castigo, si había escandalizado a alguien. Pero no abandonó los ensayos y el 16 de agosto de 1694 salió a escena en papeles de gracioso y de príncipe bobo. El vicario general de Pamplona le castigó. A tres horas, a la izquierda de la carretera a Carcastillo, S. Isidro, en el lugar hoy conocido como S. Isidro del Pinar. La ermita se quemó a mediados de 1903. Junto a los depósitos de agua, el Calvario, con ábside románico restaurado. San Zoilo, construida en la primera mitad del XIV, era lugar de devoción y peregrinación cuando en 1346 el obispo iruñense Amalt de Barbazan consiguió de trece obispos en Aviñón indulgencias para los visitantes en días determinados o quienes diesen alguna limosna. Las limosnas se multiplicaron y las disputas sobre su destino, también. En 1457 Calixto III proveyó la iglesia rural que rentaba 24 libras, en Juan Ortiz, clérigo de la diócesis pamplonesa. El DGH decía que «tiene habitación para el ermitaño y pegada una venta muy cómoda». Restaurada hace pocos años en el drenaje, su estado actual es vergonzoso.

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